El principal problema relacionado con las medidas de seguridad y el mantenimiento que deben ponerse en práctica cuando hablamos de castillos hinchables es que la normativa vigente y de obligado cumplimiento no suele ser tenida en cuenta por muchos de los usuarios. Esta normativa de seguridad europea (la UNE: EN 14960/2014) explicita, entre otras medidas, que cuando el viento supere los 38 km/h todo castillo hinchable debe ser desalojado. El problema es que dicha velocidad no puede ser medida con facilidad, a no ser que se posean aparatos específicos para ello (como un anemómetro). Es por ello que se antoja imprescindible tomar las precauciones necesarias tanto antes de la instalación de un castillo como durante el uso del mismo.

En primer lugar, la instalación de todo castillo hinchable debería ser supervisada por un inspector cualificado. Esta regla no se cumple en muchas ocasiones debido a que el uso que va a dársele a la atracción es temporal (una feria, un cumpleaños, etc.), por lo que los encargados de la instalación no consideran necesaria la presencia de un profesional en la materia. Asimismo, los clientes que adquieran un castillo hinchable deben asegurarse de que el fabricante entregue el producto tanto con un manual de montaje como con los anclajes pertinentes (que variarán dependiendo del tipo de castillo y de su envergadura). Estas fijaciones (que deben ser planas y no sobresalir) suelen consistir en piquetas o sacos de arena, que actuarán a modo de prevención amarrando el castillo al suelo para evitar accidentes en el caso de que el viento sople demasiado fuerte.

Además, cuando es una empresa la que instala un castillo hinchable, ésta debe pedir previamente un permiso municipal que asegure que la atracción cumple con todos los requisitos de seguridad necesarios. Asimismo, todo castillo hinchable debe incluir una chapa o etiqueta visibles en la que figuren datos como el año de fabricación, el nombre del fabricante, el número máximo de usuarios o la altura mínima para acceder, entre otros detalles informativos. Aunque, obviamente, los primeros en preocuparse por que estas medidas se cumplan son los locales u organizaciones que vayan a instalar la atracción, también es competencia de los ayuntamientos velar por la seguridad de los usuarios. Para ello, deberían realizar inspecciones periódicas y no solo esperar a que las empresas acudan a pedir la licencia.

En cuanto a la ubicación de los castillos, la normativa europea establece que deben ser instalados lejos de bordillos, vallas, árboles, o cables de alta tensión, y nunca en un terreno en pendiente. La atracción deberá estar libre de obstáculos en un perímetro de al menos dos metros en los laterales cerrados, y de tres metros y medio en los abiertos. Estos últimos deberán contar siempre con una rampa de acceso y salida que abarque toda la anchura, así como estar rodeada de materiales que prevengan las potenciales caídas (colchonetas, espuma, etc.).

En todo momento, la atracción deberá ser supervisada por un monitor cualificado. Este tendrá que cerciorarse de que los usuarios hagan buen uso de la instalación, así como de que ésta se encuentra en perfectas condiciones. Asimismo, el encargado debería establecer turnos para que las diferencias de edad y peso entre los niños no supongan un peligro para los mismos, y estar pendiente de que nadie salta desde las partes altas del castillo. Además, los niños deberán acceder a la atracción descalzos y no llevar consigo ni comida ni bebida. En el caso de que no pueda haber un responsable al cargo del castillo hinchable, éste deberá permanecer cerrado y con la corriente eléctrica apagada.

La presión del castillo debe ser uniforme en toda superficie, y en particular en las rampas de acceso y salida (de cara a que los niños no pierdan el equilibrio y resulten heridos al caer fuera de la zona amortiguada). Un temor común es que la atracción se infle demasiado y pueda llegar a explotar. No obstante, esto no debe ser motivo de preocupación, ya que el aire que entra en el castillo hinchable no va a presión (el motor está graduado y nunca entra más aire del necesario). Incluso en el caso de que alguien agujerease la lona deliberadamente, el único problema sería que el castillo se desinflaría lenta y progresivamente, sin peligro alguno para los usuarios.

2018-08-14T10:29:40+00:00

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